viernes, 25 de marzo de 2016

Técnicas y procedimientos básicos para un cambio en profundidad


Tanto los sentimientos como los gustos y las creencias tienen una base común: nos provocan sensaciones físicas. Es a cada uno de esos síntomas físicos que detectamos en nuestro cuerpo a lo que ponemos la etiqueta de emoción. Por tanto, si fuésemos capaces de modificar los síntomas físicos que experimentamos, cambiaría nuestra percepción sobre lo que nos ocurre y consecuentemente nuestra reacción. Este argumento es la base de los procedimientos que empleamos con el sistema de Libertad Emocional y la herramienta principal para el cambio de síntomas físicos son las técnicas de liberación de la emoción. Estas técnicas hay que complementarlas con diferentes procedimientos que nos hagan conscientes de las emociones que residen dentro de nosotros y así poder liberarlas.

Se trata de analizar el problema/as, contactar con las emociones que surgen de ese problema y acceder a los recuerdos almacenados en nuestro subconsciente para poder liberar la emoción atrapada que nos provoca la situación de malestar.

Existen muchas técnicas para liberar las emociones pero estas que presentan en la web de libertad emocional me parecen francamente interesantes. Os dejo los enlaces con las explicaciones de las diferentes técnicas que ellos utilizan es sus terapias y que yo estoy empezando a hacer.

Todas estas técnicas se pueden utilizar para soltar las emociones que estamos siniendo en un momento concreto e incluso para eliminar cualquier dolor o malestar tanto físico como mental.

Aún estoy tomando contacto con ellas, pero por ahora mi experiencia está siendo muy buena.


Os pongo un ejemplo: ayer tuve una pequeño encontronazo con un compañero de trabajo, al final no pasó nada, pero cuando iba de vuelta a casa, empecé a sentirme mal, tenía una sensación “rara” era como un malestar que no sabía definir. Me he grabado algunos de los talleres de libertad emocional y viniendo en el coche estaba escuchado uno en el que se explicaba una de estas técnicas, en concreto la respiración completa y me planteé hacerla nada más llegar y así lo hice, ni subí a casa, paré el motor y allí mismo me dispuse a hacerlo. Cerré mis ojos y respiré profundamente, noté dónde exactamente sentía el malestar, era una presión en la garganta. Al centrarme en ella se hizo más intensa, sentí congoja y unas ganas enormes de llorar, pero empecé aplicar la técnica. Puntué el malestar del 1 al 10, en ese momento me sentía muy mal así que puse un 8, respiré profundamente hasta que no podía inhalar más aire (tal y como veréis que explica esta técnica) y exhalé hasta quedarme sin aire, lo estuve haciendo durante unos 5 minutos, a medida que iba aplicando la técnica la sensación de presión en la garganta iba disminuyendo. Posteriormente en casa, me empecé a preguntar el por qué me había sentido de esa manera si al final había sido una discusión sin importancia que había terminado sin mayores complicaciones. 

En mi meditación del día siguiente, me sobrevino esa misma sensación en la garganta, acompañada una gran culpa y sensación de miedo y como escuché en en alguno de sus talleres, empecé a preguntarme: ¿Cuándo me he sentido así antes?, o mejor dicho, ¿cuántos años tenía cuando sentí estas emociones por primera vez?...

Tendemos a repetir una y otra vez los mismos patrones, patrones que se fijaron en nuestra infancia, cuando éramos niños indefensos y cualquier adulto se creía con el poder de reñirte, castigarte, instigarte o mil cosas peores. Todos esos sentimientos de miedo, culpa, abandono, están ahí encapsulados y salen siempre que nos encontramos ante una situación concreta que nos despierta las emociones que llevamos sepultadas. Yo he descubierto que cuando discuto con alguien tengo miedo al rechazo, porque de niña me rechazaron, me hicieron sentir que no valía nada… Son muchas emociones las que viven dentro de nuestro subconsciente, emociones que necesitan ser liberadas. 


Presentación de las técnicas de Liberación de la Emoción

 

 

El tapping

La técnica es una simplificación de la empleada en EFT (Emocional Freedom Techniques) manteniendo su efectividad y consta de los siguientes pasos:
  1. Lleva la atención de tu mente a un punto concreto de tu cuerpo donde percibes tensión. Esta tensión puede ser tanto emocional o muscular.
  2. Hazte muy consciente de todas las características del malestar y puntúa su intensidad. 0, no te molesta. 10, lo máximo que puedes aguantar.
  3. Comienza a dar toques con tus dedos índice y pulgar, como en la imagen, mientras te dices: “aunque tengo este malestar, permito que se vaya”.
  4. Respira hondo.
  5. Vuelve a puntuar el malestar.
  6. Repite los pasos 3, 4 y 5 hasta que desaparezca.





Las preguntas

Esta técnica es original del Método Sedona y se compone de los siguientes pasos:
  1. Lleva la atención de tu mente a un punto concreto de tu cuerpo donde percibes tensión. Esta tensión puede ser tanto emocional o muscular.
  2. Hazte muy consciente de todas las características del malestar y puntúa su intensidad. 0, no te molesta. 10, lo máximo que puedes aguantar.
  3. Intento contestar “sí o no” a las siguientes preguntas lo más rápido posible. Da igual si mi respuesta es un “sí” o un “no”. Lo que pretendo con esto es distraer a la mente para que no bloquee la liberación:
    1. ¿Puedo dejar que se vaya esta molestia?
    2. ¿Quiero que se vaya esta molestia?
    3. ¿Ahora?
  4. Respira hondo.
  5. Vuelve a puntuar el malestar.
  6. Repite los pasos 3, 4 y 5 hasta que desaparezca.
Si tienes la impresión de que la molestia no disminuye, antes de hacer las preguntas aprieta firmemente la mano en un puño y al expirar mira tu mano mientras la abres. De este modo reforzarás el efecto de distracción de tu mente.






La visualización

En PNL definen como “submodalidad” cada una de las cualidades que diferenciamos en lo detectado por los diferentes canales de percepción, que referidas al canal visual tendríamos: el color, el brillo, el tamaño, el movimiento, ángulo de visión, forma, etc.; para el canal auditivo: tempo, tono, volumen, ritmo, timbre, origen, etc. y para el kinestésico (tacto, olfato, gusto): la presión, localización, extensión, temperatura, movimiento, etc. Al modificar estas submodalidades estamos forzando que el subconsciente genere un cambio interno en lo que percibimos, acorde a lo que imaginamos. Por ejemplo: si libero “la aguja que me causa el pinchazo” el dolor debe desaparecer.
Pasos:
  1. Lleva la atención de tu mente a un punto concreto de tu cuerpo donde percibes tensión. Esta tensión puede ser tanto emocional o muscular.
  2. Hazte muy consciente de todas las características del malestar y puntúa su intensidad. 0, no te molesta. 10, lo máximo que puedes aguantar.
  3. Imagina el objeto, o ser, que te causa el síntoma físico o la emoción. Puede ser cualquier cosa, desde un nudo hasta un camión de bomberos, deja libre tu imaginación. Cuando lo tengas claro cógelo con las manos y te dices: "me permito quitar esto de mi cuerpo"; y  lánzalo lejos.
  4. Respira hondo.
  5. Vuelve a puntuar el malestar.
  6. Repite los pasos 3, 4 y 5 hasta que desaparezca.
Para que funcione esta técnica tienes que sentir que el “objeto” o “ser” es real y que responde a tus movimientos. Si no te lo “crees” es que no estás contactando bien con la emoción o tienes resistencias a liberar. En ese caso intenta centrarte más o probar con otra técnica.





La respiración completa

El cuerpo posee un sistema innato de liberación de la tensión que no es otro que la respiración. El problema estriba en que hemos aprendido a controlar la respiración, de modo que la bloqueamos para no sentir con toda intensidad las emociones. Esto lo podemos observar en los niños que endurecen la "barriga" y contienen la respiración para no tener miedo. Por tanto, para saltar esa "programación" no deseable hay que realizar conscientemente el proceso de respirar para logra que se active la respuesta natural de relajación.
Pasos:
  1. Lleva la atención de tu mente a un punto concreto de tu cuerpo donde percibes tensión. Esta tensión puede ser tanto emocional o muscular.
  2. Hazte muy consciente de todas las características del malestar y puntúa su intensidad. 0, no te molesta. 10, lo máximo que puedes aguantar.
  3. Inspira empezando por el abdomen y acabando por el pecho de modo que llegues a un punto en el que sientas la necesidad de expirar. De este modo provocas la primera respuesta de relajación del cuerpo.
  4. Vacía totalmente los pulmones encogiendo el abdomen y el pecho, hasta que llegue la necesidad de inspirar, disparando la segunda respuesta de relajación.
  5. Permite que el cuerpo inspire con libertad 3 o 4 veces y puntúa.
  6. Repite los pasos 3, 4 y 5 hasta que desaparezca.





Tensar y soltar

Otra forma de soltar el malestar físico-emocional es emplear la musculatura de tu cuerpo, de modo similar al ejercicio físico o la relajación Jacobson. En nuestro caso la técnica se basa en tensar todo lo que se pueda los músculos de la zona en la que encuentras las sensaciones desagradables para cansarlos y que finalmente, al no tener más energía, se relajen. Es importante ir soltando el aire de los pulmones mientras mantienes la tensión con el objetivo de agotarlos antes.
Pasos:
  1. Lleva la atención de tu mente a un punto concreto de tu cuerpo donde percibes tensión. Esta tensión puede ser tanto emocional o muscular.
  2. Hazte muy consciente de todas las características del malestar y puntúa su intensidad. 0, no te molesta. 10, lo máximo que puedes aguantar.
  3. Tensa los músculos de la zona en la que encuentras las sensaciones desagradables y, desde ese punto, continúa aumentando la tensión de todo el cuerpo, mientras sueltas el aire, hasta que no puedas más (empleando el sentido común guiño).
  4. Permite que el cuerpo inspire con libertad 3 o 4 veces haciéndote consciente de los cambios y puntúa.
  5. Repite los pasos 3 y 4 hasta que desaparezca el malestar.





Doy las gracias a esta asociación de terapeutas porque nos dan la oportunidad de emprender una vez más el camino hacia nuestro auto conocimiento, nos ayudan a conocernos y sobre todo a reconocernos. Ahora no hay excusa, somos los responsables de nuestro propio bienestar, tenemos las técnicas y toda la información necesaria para cambiar nuestro estado de ánimo. Cambia tus emociones, estas atraerán pensamientos más positivos y enriquecedores, estos pensamientos crearán nuevas emociones llenas de buenas bibraciones, esas emociones crearán nuevas crencias que nos marcarán el camino hacia un nuevo bienestar emocional.



http://www.libertademocional.es/

domingo, 6 de marzo de 2016

Trabajando con el miedo: cambia tus pensamientos limitantes y tu vida se llenará de color



Encontrar infinidad de excusas que te apartan de la verdadera meta, es la forma más sencilla de decirle adiós a tus sueños. Nos pasamos la mayor parte del tiempo postergando, llenando nuestra vida de excusas absurdas. Toda nuestra existencia siendo dominados por impulsos emocionales que nos arrastran a la no acción. Terminamos siempre encasillados en la angustia, la culpa y la tristeza. Nos dejamos envolver, avasallar por el miedo y la impotencia, permaneciendo impasibles ante la vida, que se escapa de nuestras manos. 

Yo, que soy comedora emocional, he recurrido a la comida una y otra vez, aun siendo totalmente consciente de que el precio que debía pagar es tan alto como mi propia infelicidad. No soy feliz porque no me gusta la imagen que me devuelve el espejo, pero aun ahora, después de todo el camino que he recorrido, encuentro resistencia y no miro más allá. Cuando veo que no puedo más, lleno mi mente de propósitos en un intento por cambiar lo que está fuera, porque siento pánico de enfrentar todo lo que llevo dentro. Sé que detrás de mí comportamiento compulsivo y auto saboteador se esconde una creencia, una creencia limitante que me lleva una y otra vez por el mismo camino. 

No miramos dentro de nosotros porque tenemos miedo de encontrar algo que no nos guste, sentimos miedo a rompernos, miedo al cambio, a no ser lo suficientemente buenos, miedo al fracaso, al rechazo, miedo a no conseguirlo, a no estar a la altura… La mayoría de las veces es un miedo irracional que no tenemos claro de dónde viene, otras veces es consecuencia directa de experiencias traumáticas que aún están supurando. Sea como sea, dejamos que el miedo moldee nuestras vidas y nos limite, le damos todo el poder y terminamos paralizados, estancados en la no acción. Nos acomodamos al dolor y nos conformamos con el sufrimiento, porque eso es lo que nos ha tocado vivir.   

Si es así como te sientes, así como en muchas ocasiones me he sentido yo, tal vez debas de enfrentarte a tus miedos y plantearte algunas cuestiones:

¿Qué estás atrayendo a tu vida?, ¿Qué es lo que se interpone entre tú y tus sueños?, ¿Quién es el último responsable de tu felicidad?, ¿Estás haciendo algo para cambiarlo?

Piensa detenidamente en estas preguntas y si eres sincero/a contigo mismo/a, concluirás en que la responsabilidad de elegir cómo quieres sentirte, pase lo que pase es siempre tuya. 

Si te dan por detrás con el coche, seguramente no puedas cambiar que esto suceda o no pero, la decisión de ponerte como un/a energúmeno/a y gritar hasta quedarte afónico/a o por el contrario, respirar hondo y pensar que estás bien, que al final no ha habido heridos y en definitiva, elegir qué estado de ánimo quieres en ese momento para tu vida, es definitivamente tuya.

Si aún existe resistencia en tu interior tal vez ahora estés pensando en que los responsables de tu infelicidad y de tus problemas son personas con nombres y apellidos, o tal vez creas que son las circunstancias o cualquier excusa que se te pase por la mente, todo eso no es más que la esencia de tus creencias que quieren mantenerse al mando y que en tu mundo son verdad. 

Pero la realidad es que el sufrimiento es inherente al ser humano. Todos sufrimos, a todos nos pasan cosas, todos tenemos buenos y malos momentos, pero la responsabilidad de elegir cambiar la actitud y aprender de las situaciones difíciles en vez de estancarse en el dolor y el conformismo es de uno mismo. 

Si aún sigues oponiendo resistencia, te seguirán apareciendo miles de excusas que justifiquen tu comportamiento, comentarios llenos de razón que intentarán volcar esta afirmación, pero, una vez más la elección será siempre tuya.

Si piensas que sólo te pasan cosas feas, si crees que la vida está en tu contra o que los demás te atacan, mira en tu interior y plantéate desde el fondo de tu corazón, cuanta responsabilidad tienes en eso. ¿Qué pensamientos se han instalado en tu mente?, ¿Cómo te sientes cuando de forma consciente decides escuchar esos pensamientos?

Cuando tenemos pensamientos negativos, estos no se producen de forma aislada, se generan continuamente y se van repitiendo una y otra vez como si fuera un mantra. Estos pensamientos  provocan emociones que con el tiempo, se terminan convirtiendo en una creencia y esa creencia termina siendo tu verdad. Quiero matizar que tu verdad no es la verdad, tu verdad es lo que crees que es cierto,  pero eso solo pasa en tu mundo. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias creencias y nuestro mundo girará en torno a ellas.

Por lo tanto si crees que puedes hacer algo tanto como si no, en ambos casos en tu mundo, será verdad. Si tu creencia es que la vida es muy dura y todo te cuesta un montón, será verdad y en tu vida aparecerán una y otra vez situaciones complicadas que te cuesta resolver, porque en tu mundo eso es cierto y es esa creencia la que hará que atraigas ese tipo de situaciones. 

De igual forma, si tu creencia es que sufres y todo el mundo te hace daño y nadie te quiere, verás enemigos y gente que sólo quiere hacerte daño, el principio siempre es el mismo. En cambio si eliges conscientemente cambiar tu creencia y trabajas tu mente llenándola de pensamientos motivadores que generen emociones de mayor frecuencia, lo que atraigas a tu vida estará nuevamente en sintonía, si lo conviertes en tu creencia, en tu mundo  también será verdad.

Ahí es donde radica nuestra propia responsabilidad, la elección de ser feliz es la consecuencia directa de una elección. Nosotros elegimos en todo momento cómo queremos sentirnos. Claro que si tus circunstancias has sido poco fáciles, puedes pensar que cambiar tus emociones es muy difícil, que lo fácil es decirlo, pues seguramente si es esa tu creencia, en tu mundo eso se convertirá en verdad.
Si te das cuenta, volvemos una y otra vez al mimo punto. Si a estas alturas del texto, decides darte una oportunidad y tímidamente preguntas: ¿pero cómo lo hago? ¿Cómo cambio mis pensamientos? ¿Cómo elijo como sentirme si hay días que no tengo ganas ni de levantarme de la cama? …

Solo existe una respuesta a todas estas preguntas, ponte en acción, activa tu mente, busca ayuda, lee libros, practica algún deporte, haz aquello que sientas en tu interior que te va a ayudar a cambiar ese estado de ánimo, pero por favor, no te dejes caer en la derrota. Si escondes la cabeza debajo de las sábanas, sólo pasará una cosa, el tiempo, un tiempo precioso que ya no volverá.

Piensa en tu mente como un jardín que ahora tienes descuidado y lleno de malas hierbas, cultívalo, planta flores de mis colores, llénalo de vida, de aromas, llénalo de luz. Cambia tus pensamientos, estos generarán nuevas emociones,  que a su vez crearán sentimientos que llamarán a más pensamientos que estén en esa nueva sintonía. Los pensamientos repetidos una y otra vez harán que tus creencias actuales queden obsoletas, dando lugar a otras más enriquecedoras y beneficiosas.
Existen muchas técnicas para educar tu mente y cambiar esos pensamientos que nos provocan emociones negativas, está la PNL, HO’Oponopono, Control Mental, Meditación, Relajación… y cualquier cosas que te ayude a estar en sintonía, elije aquella que más resuene en ti, pero hazte responsable de tu vida, toma las riendas y dale la vuelta a la tortilla, estás a un pensamiento de ser feliz, la decisión es tuya. Tú tienes la responsabilidad, tú tienes el poder.

Os recomiendo que veáis este vídeo, a mí me ha clarificado muchas cosas y aunque personalmente hay partes del Ho’Oponopono que aún no me convencen del todo, esta ponencia no se queda sólo en esta técnica, de hecho nos da una visión bastante interesante de  hasta qué punto somos responsables de nuestras vivencias. 


                                                                     




                                                                 






jueves, 27 de agosto de 2015

Decide vivir la vida sin huir… simplemente viviendo plenamente …

Desde muy pequeña, he estado moviéndome entre dos realidades, la realidad visible que corresponde al mundo tal y como lo conocemos, este que podemos ver todos y aquella que está destinada a muy pocos, es la realidad de la fantasía.

En este espacio, todo es posible, puedes “volar libre”, ser quien quieres ser, todo es expansión y felicidad. Un mundo abierto sin imposiciones, creencias limitantes y etiquetas que te obligan a ser quien no eres.

En este mundo de fantasía puedes ser tú, simplemente, sin máscaras, sin caretas... No tienes que esconderte de nada porque no necesitas regirte por ninguna ley ni ninguna norma impuesta, sólo tu ser, tu esencia, lo que en realidad eres, todo lo que sueñas que puedes llegar a ser.
Cualquiera que consiga entrar en esta dimensión puede vivir la vida que más le convenga y con la que más a gusto se sienta, porque en este mundo tú puedes crear tu realidad.

Este es el mundo en el que viven los niños, lejos de prejuicios y convencionalismos… y ese es el mundo en el que muchos niños con infancias difíciles, se quedan estancados ya de adultos, porque es ahí y solamente ahí, donde se sienten verdaderamente seguros.

Podemos tenerlo todo en esta vida pero a la vez nos sentimos vacíos. Pasamos una y otra vez por emociones que nos provocan sufrimiento y experiencias, por las que a nadie le gustaría pasar de forma voluntaria, pero que ahí están, sucediéndose una y otra vez, como el estribillo de una canción macabra.

Y ahora me pregunto, ¿Qué mundo de los dos anteriores es más real, aquel que formamos en nuestra mente, ese en el que somos nosotros, nuestro ser auténtico, o el mundo real, lleno de prisas y asfalto, en el que nos movemos de adultos, lleno de obligaciones, normas y leyes sin sentido? ...

De pequeños nos dicen siempre que tenemos que ser buenos, pero aquellos que predican la bondad viven sus vidas haciendo daño, aparentando ser de una forma y comportándose de otra, entonces, ¿Qué es ser bueno?… ¿Quién es el que decide lo que está bien y lo que está mal?

Os cuento una pequeña historia:

Había una vez una mamá Leona, que vivía felizmente con sus tres bebés leoncitos; estos hambrientos, le pedían comida, de manera insistente a su mamá. La mamá Leona, no tuvo más remedio que salir al campo a por comida para sus cachorros, sabía que si no los alimentaba, sus pequeños morirían de hambre. Al otro lado de la pradera, vivía mamá Ciervo con sus tres cervatillos. Mamá Ciervo estaba muy preocupada, porque ya había observado a lo lejos a mamá Leona y sabía que si se acercaba demasíalo, sus pequeños correrían un grave peligro…

A estas alturas de la historia, es inevitable hacerse una pregunta:

¿Qué es lo bueno o lo malo de esta situación?…

Si mamá Leona mata a mamá Cierva, sus cachorros podrán vivir, pero a cambio, los cervatillos morirán. Pero, si la mamá Cierva consigue escapar y resguardar a sus cervatillos, serán los cachorros de mamá Leona los que morirán…

A eso me refiero entonces, existimos por lo que sentimos y experimentamos ahora, sin prejuicios previos. Las cosas buenas o malas son un mero convencionalismo. El placer no existe como tal si no hemos experimentado dolor. La felicidad no es posible si no sabemos lo que es la tristeza. Todas las cosas son buenas o malas dependiendo de la persona o del momento en el que se vivan.

La vida no trata de ser buenos o malos, de premiar o castigar, de ganar o perder. La vida es pura experimentación. Lo único real, aquello con lo que contamos, es precisamente el ahora,  las sensaciones que nos provoca justo este instante.

El pasado está obsoleto, no sirve para nada, el futuro no existe porque aún no ha sucedido, lo único que tenemos de verdad, lo único que podemos palpar es este momento que está ocurriendo justo ahora.

Párate por un momento:

¿Dónde estás?
¿Qué ves a tu alrededor?
¿Que sientes justamente ahora?
¿Tienes frío, calor?
¿Te duele algo?
¿Estás tranquilo/a y calmado/a?
¿Qué es lo que pasa por tu cuerpo y tu mente ahora?

Detente por un instante y experimenta, siente tu cuerpo…

Observa por un momento tus pensamientos, ese torbellino de emociones e ideas que vagan incesantemente por tu mente…

Eso, amigo/a mío/a, es lo único que tienes, lo único con lo que cuentas, lo único que vale. Solo por el hecho de estar aquí y vivir lo que vives, de dejar entrar aire en tus pulmones, puedes afirmar con toda seguridad, que estás experimentando en el aquí y ahora, no hay misterios ni dudas. Lo que hay, aquello con lo que cuentas, es la propia experimentación.

La mayor parte del tiempo estamos ausentes, nos perdemos intentando dar una visión de nosotros mismos que, la mayoría de las veces, no se corresponde con la realidad.

Nuestro día a día está tan lleno de convencionalismos y nos olvidamos que, muchas de las obligaciones que nos auto imponemos, no se corresponden con lo que de verdad necesitamos nosotros. Y lo peor de todo, vivimos toda la vida con esa sensación de impotencia, consecuencia de ser incapaces de cumplir con el objetivo que se crearon otros; porque pensamos que es lo que hay que hacer.

Nos terminamos convirtiendo en autómatas sin alma. Pensamos que nos conocemos a la perfección, pero en realidad somos verdaderamente incapaces de reconocernos, de saber qué es lo que queremos, qué es lo que necesitamos. De saber quienes somos en realidad.

En un mundo globalizado y dirigido a un único modo de pensamiento, la diversidad es un lujo. En realidad ese es el problema, todos somos seres únicos y diferentes al resto.

Pero la necesidad de pertenencia, nos mortifica y nos engancha en la limitación, que a su vez, provoca culpa y terminamos una y otra vez encapsulando nuestra libertad de elegir como seres individuales, con necesidades individuales.

Perdemos la oportunidad de conectar con nosotros mismos y nos convertimos en extraños, viviendo al compás de un torbellino de emociones al que no le vemos sentido, todo porque nos negamos a mirar hacia dentro. Evitamos descubrir realmente quienes somos.

Intentamos muchos cambios, con la esperanza de conectar con nuestros sueños, aquello que anhelamos, pero cada vez que lo intentamos, terminamos haciéndolo desde fuera y no desde dentro. Es muy frustrante porque no notamos nada nuevo, diferente. Esa sensación que sentimos en el estómago, nos recuerda una y otra vez que no hemos conectado. Vivimos desconectados de nosotros mismos.

Cuando te das la oportunidad de mirar hacia dentro, cuando puedes ver la totalidad de tu ser, tu espíritu, tu esencia, cuando tus tripas te dicen con fuerza que por fin has encontrado la llave que abre las puertas de tu ser más íntimo, esa llave de la que solo tu tienes copia y que conecta con tu alma, tu esencia…

Experimentarás una verdadera explosión y vivirás en un mundo de sensaciones exclusivamente tuyas, porque solo tú sabrás los matices, los sentimientos y lo maravilloso/a que eres, sin miedo a ser tu mismo/a.

Pero para llegar a este punto, tenemos que liberarnos de muchos prejuicios y pensamientos auto saboteadores… toda esa carga que llevamos a la espalda, que nos impide ser libres de vivir una vida sin estar condicionados.




Mucha gente sufre en su camino porque,
… le han dicho que tienen que estar al servicio de los demás, cuando aún no han conseguido ponerse al servicio de si mismos

… le han dicho que deben tener buenos pensamientos y buenos sentimientos cuando hay días que es imposible tenerlos,

… le han dicho que deben ser pacientes, tolerantes, amables, sumisos, cuando lo que hace falta es una pequeña rebelión interior y a veces decir NO…

Decidir vivir la vida sin huir, sin sentirte culpable, ni con más drama del necesario … simplemente, viviendo tu vida plenamente y en libertad.



martes, 25 de agosto de 2015

Abraza el cambio… Ya es hora…


Es hora de tomar la decisión definitiva de actuar. ¡Levanta! Eres el escultor de tu propio destino.

En el momento en el que nos volvemos responsables de nuestra vida y cogemos las riendas de nuestro rumbo, como si se tratara de algo mágico, la providencia toma presencia representando su papel y te empiezan a suceder toda clase de situaciones inesperadas que nunca imaginaste y que pueden parecer arriesgadas pero, en tu interior lo sientes con tal fuerza que, el miedo a la incertidumbre se torna en una pequeña vocecilla casi imperceptible. Te dejas llevar por tus tripas, sabes que vas por el buen camino y descubres como un torrente de acontecimientos nacen de tu decisión. Puedes comprobar como suceden encuentros casuales, apoyos e imprevistos, todos dirigidos a un único objetivo, tu propio caminar.

Sea lo que sea aquello con los que sueñes, sea lo que sea aquello que sientas que tienes que hacer, eso en lo que piensas y que cuando reparas en ello todos tus sentidos vibran al compás, como en una bella melodía... Déjate llevar. Puedes hacer todo lo que sueñes que puedes hacer, empieza tu camino. Las limitaciones nacen de ti, de tus miedos; cruza la barrera de los impedimentos y comienza ahora mismo.

Ya es hora…

Nunca he sabido muy bien qué hacer con mi vida. Siempre he estado demasiado ocupada intentando sobrevivir. Obsesionada con mis obsesiones y rarezas varias, escondiéndome del mundo, en mi burbuja protectora; vagando por la vida como un niño perdido… y es que en realidad era eso, una niña perdida y asustada que buscaba desesperadamente unos brazos a los que agarrarse, alguien que la sostuviera y la hiciera sentir segura.

Esa “realidad” en los ojos de una persona adulta se torna en sentimientos de abatimiento, miedo y desesperanza, acompañados de una inseguridad constante. Miramos la vida con los ojos de una persona madura y coherente pero es nuestro niño interior el que llora, grita, patalea; es nuestro niño interior el que se siente expuesto.

El día en el que reconocí que mi infancia no había sido tan idílica como pensaba, que mis padres no eran tan perfectos y protectores. El día en el que reconocí la negligencia y los abusos, la vergüenza y el abandono, esos años oscuros llenos de soledad y llanto, en los que de pequeña vivía, justo en ese momento, mi niña interior por primera vez, se vio reconocida y corrió a mis brazos, había encontrado esos brazos que buscaba tan desesperadamente, en mi yo adulto.

En el momento en el que se nos cae la venda de los ojos, ya no hay marcha atrás. Encontramos la pieza del puzzle que nos faltaba y ahora sólo podemos llegar al final, recomponiendo los pedazos de nuestra vida.

Ser conscientes de que fuimos humillados, ignorados, usados para el placer de otros … Sea como sea, tuve que aceptar que todo lo que viví los primeros años de mi vida, lastimó mi alma. Necesitamos validar y reconocer lo que nos pasó.

Una vez que reconoces tu propia realidad de vida. Es inevitable sentir una gran conmoción, seguido de una furia y un enojo que no es otra cosa que tu propio duelo. Eso por lo que debes pasar para que tu niño interior confíe y pueda sanar sus heridas.

Yo se que mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron, ellos también fueron niños heridos, sobre todo mi madre, pero eso no quita que las situaciones que viví de niña, me lastimaron teniendo graves consecuencias en mi vida posterior.  Y es ahí donde, como la adulta que ahora soy, debo tomar la responsabilidad de velar por mi propio bienestar emocional. Debemos de hacernos responsables de lo que nos hacemos a nosotros mismos y también a los demás.

Después del enojo, se te despierta el dolor y la tristeza. Mi niña interior ha estado muchos años, escondida, acurrucada en un rincón de mi alma. Sostenía mucho dolor y tristeza. Todo ese mal que ha vivido encapsulado debe salir. Es momento de validar esa emoción, es momento de sentirnos afligidos por la traición, el abandono y cualquier sentimiento de desesperanza que se nos despierte.

Otro sentimiento que se nos presenta son los remordimientos y las dudas. Siempre podemos pensar que la culpa fue nuestra, que pudimos hacerlo de otra forma, en mi caso, pude haberme resistido a los abusos, pude haber salido corriendo.

Puede que sea lógico pensar eso si tienes 42 años, pero una niña de 4 años, cuando un adulto le ordena que haga algo, no creo que tenga claro que puede desobedecer una orden directa. Tenemos que mirar con los ojos del niño herido y respetar la decisión que en aquel momento, como niños, tomamos. Es importante que reconozcamos que, no hay nada que hayamos podido hacer diferente, mi niña interior tomó la decisión más apropiada en aquel momento. Se trata de ella, de su dolor. No de mi visión de adulto. Para comprender, muchas veces, nos tenemos que trasladar a la imagen de un niño e intentar reaccionar como crees que reaccionarían ellos.

Los sentimientos de duelo más profundos, aquellos que llevamos más arraigados son la vergüenza patológica y la soledad. La vergüenza nos hace creer que fuimos culpables. Me avergonzaba de lo que me pasó porque me sentía partícipe. Nos sentimos sucios, desmerecedores del amor de otros. Estamos contaminados por esa vergüenza tóxica y es ese sentimiento el que nos aleja de los demás. Nos aislamos y nos refugiamos en nuestra propia soledad.

Somos nosotros los que nos alejamos, pero, a la vez, necesitamos más que nunca el apoyo y el cariño de otros. Pero nuestro niño interior se siente como un juguete roto, algo imperfecto. Piensa que nadie lo va a querer tal y como es e inventa un disfraz. Vivimos escondidos detrás de la careta de la complacencia, mientras que nuestro verdadero ser se queda solo, aislado.

Muchos de nosotros nos quedamos justo ahí, en este nivel de sentimientos dolorosos, que tapamos con justificaciones autos impuestas. Todo con tal de no hurgar en un corazón hecho pedazos.

Es muy duro entrar ahí, arreglar lo que está roto y empezar de nuevo. En la aceptación verdadera de nuestro pasado, dando validez al sentimiento de vergüenza y soledad en el que estamos sumergidos, justamente ahí es donde empezamos a reconocer plenamente nuestro ser verdadero. Y es a través de esa aceptación desde donde debemos nutrir nuestro yo adulto.

Cuando tomamos la firme determinación de ser responsables de nuestros propios actos, en vez de dejar que sean nuestros traumas los que se queden estancados en un mar de lágrimas, enfados y frustración. Justo en ese momento la transformación comienza.


Abraza el cambio… Ya es hora…



domingo, 21 de junio de 2015

Vivir sin máscaras



Se cuenta que un reconocido y anciano catedrático de psicología llevaba décadas investigando acerca de la epidemia de vacío existencial y de sinsentido vital que padecían la mayoría de seres humanos. Si bien solía proyectar ante los demás una imagen de seriedad y seguridad, en soledad reconocía sentirse triste y confundido. No acababa de comprender por qué, a pesar de seguir al pie de la letra todo lo que el sistema le decía que tenía que hacer para lograr éxitos y riquezas materiales, en el fondo de su corazón se sentía tan pobre y vacío.

Y así siguió hasta que una mañana entró en una concurrida cafetería y pidió una manzanilla. Seguidamente, la joven camarera cogió una bolsita prefabricada con una mano y un cuenco lleno de ramitas y hojas secas con la otra. Y muy amablemente le preguntó: "¿Cómo la quiere: normal o natural?".
Sorprendido, el catedrático señaló el cuenco con hojas secas. Y mientras se estaba tomando la infusión, obtuvo la revelación que llevaba décadas buscando. Se abalanzó sobre la camarera y le dio un sonoro beso de agradecimiento. Entusiasmado, le dijo: "¡En esta sociedad lo normal no tiene nada que ver con lo natural!". Y salió con una sonrisa de oreja a oreja, como si hubiera encontrado un tesoro.

La sociedad contemporánea se ha convertido en un gran teatro. Al haber sido educados para comportarnos y actuar de una determinada manera, en vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres -siendo coherentes con lo que en realidad somos y sentimos-, solemos llevar una máscara puesta y con ella interpretamos a un personaje que es del agrado de los demás. Si bien vivir bajo una careta nos permite sentirnos más cómodos y seguros, con el tiempo conlleva un precio muy alto: la desconexión de nuestra verdadera esencia. Y en algunos casos, de tanto llevar una máscara puesta, nos olvidamos de quiénes éramos antes de ponérnosla.

Lo cierto es que algunos sociólogos coinciden en que en nuestra sociedad ha triunfado el denominado "pensamiento único". Es decir, "la manera normal y común que tenemos la mayoría de pensar, comportarnos y relacionarnos". Así, al entrar en la edad adulta solemos ser víctimas de "la patología de la normalidad". Esta sutil enfermedad -descrita por el psicoterapeuta alemán Erich Fromm- consiste en creer que lo que la sociedad considera "normal" es lo "bueno" y lo "correcto" para cada uno de nosotros, por más que vaya en contra de nuestra verdadera naturaleza.

LA ELOCUENCIA DE LA VANIDAD

 

Dime de qué presumes y te diré de qué careces" (refrán popular)
A pesar del malestar generalizado, solemos priorizar el "cómo nos ven" al "cómo nos sentimos". Tanto es así que para muchos la pregunta de cortesía "¿cómo estás?" supone todo un incordio. La mayoría nos limitamos a contestar mecánicamente: "Bien, gracias". Y en caso de no poder escaquearnos, enseguida redirigimos la conversación hacia cualquier "charla banal". Es decir, la utilizamos para fingir que nos estamos comunicando, cuando en realidad lo único que estamos haciendo es llenar con palabras un potencial silencio incómodo.

En este contexto social, algunos individuos ocultan sus miserias y frustraciones tras una fachada artificial que seduzca e impresione a los demás. La paradoja es que cuanto más intentamos aparentar y deslumbrar, más revelamos nuestras carencias, inseguridades y complejos ocultos. De hecho, la vanidad no es más que una capa falsa que utilizamos para proyectar una imagen de triunfo y de éxito. Es decir, la máscara con la que en ocasiones cubrimos nuestra sensación de fracaso y vacío. Si lo pensamos detenidamente, ¿qué es la "respetabilidad"? ¿Qué es el "prestigio"? ¿Qué es el "estatus"? ¿Qué tipo de personas lo necesitan? En el fondo no son más que etiquetas con las que cubrir la desnudez que sentimos cuando no nos valoramos por lo que somos.

En este sentido, ¿qué más da lo que piense la gente? De hecho, ¿quién es la gente? Nuestra red de relaciones es en realidad un espejismo. En cada ser humano vemos reflejada nuestra propia humanidad. Por eso se dice que los demás no nos dan ni nos quitan nada; son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. La gente no nos ve tal y como somos, sino como la gente es. O como dijo el filósofo Immanuel Kant, "no vemos a los demás como son, sino como somos nosotros". De ahí que la opinión de otras personas solo tiene importancia si nosotros se la concedemos.



"¿Qué más da lo que piense la gente? La opinión de otras personas solo tiene importancia si nosotros se la concedemos"
"En vez de mostrarnos auténticos, honestos y libres, solemos interpretar un personaje que es del agrado de los demás"


DEJAR DE FINGIR


"La verdad que nos libera suele ser la que menos queremos escuchar" (Anthony de Mello)

Un leoncito apenas recién nacido se quedó rezagado y se perdió, pero un grupo de ovejas se cruzó en su camino y le adoptó como un miembro más de su rebaño. El animal creció convencido de que era una oveja, aunque, por más que tratara de balar, solo lograba emitir débiles y extraños rugidos; y por más que se alimentara de hierba, cada vez que veía a otros animales sentía el deseo de devorar su carne. Y por ello, a diferencia del resto de ovejas, que pastaban plácidamente, el felino solía estar angustiado y triste.
Los años pasaron y el animal se convirtió en un león corpulento y fiero. Y una mañana, mientras el rebaño descansaba a orillas de un lago, apareció un león adulto. Todas las ovejas huyeron despavoridas. Y lo mismo hizo el león que creía ser una oveja, que enseguida quedó a merced del león adulto. Nada más verlo, el león cazador no pudo evitar su sorpresa al reconocer a uno de los suyos. Y sorprendido, le preguntó: "¿Qué haces tú aquí?". Y el otro, aterrorizado, le contestó: "Por favor, ten piedad de mí. No me comas, te lo suplico. Solo soy una simple oveja". "¿Una oveja? Pero ¿qué dices?". El león adulto arrastró a su camarada a orillas del lago y le dijo: "¡Mira!". El león que creía ser una oveja miró, y por primera vez en toda su vida se vio a sí mismo tal como era. Sus ojos se empaparon en lágrimas y soltó un poderoso rugido. Acababa de comprender quién era verdaderamente. Y nunca más volvió a sentirse triste.

SEGUIR NUESTRA VOZ INTERIOR


"No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis ser" (Steve Jobs).

No importa quiénes seamos, qué decisiones tomemos o cómo nos comportemos. Hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores, detractores y gente a quien resultemos indiferentes. Pero entonces, si nuestras relaciones se sustentan sobre este juego de espejos y proyecciones, ¿por qué fingimos? Seguramente por nuestra falta de confianza y autoestima.

Para cultivar una sana relación de amistad con nosotros mismos, lo único que necesitamos es modificar la manera en la que nos comunicamos con nosotros a través de nuestros pensamientos. Solo así podremos aceptarnos, respetarnos y amarnos por el ser humano que somos, con nuestras cualidades, virtudes, defectos y debilidades. Lo demás son comentarios, ruido que hace la gente para no escuchar su propio vacío. Lo que está en juego es nuestra libertad para ser "auténticos"; convertirnos en quienes verdaderamente somos, siguiendo los dictados de nuestra propia voz interior. Eso sí, debido a las múltiples capas de cebolla con las que hemos sido condicionados, hoy día ser uno mismo es un acto revolucionario.

(Borja vilaseca. Fuente: http://elpais.com/diario/2011/07/03/eps/1309674412_850215.html)